
Metodologia
4 min de lecturaAnalisis Electoral
Un ejercicio con cuatro candidatos ficticios para mostrar cómo se configura, se lee y se reporta la conversación en redes durante un debate en vivo.
Luis David
Developer

Un debate presidencial dura dos horas, pero la conversación que genera se decide en tramos de cinco minutos. Para mostrar cómo se monitorea uno en vivo, montamos un ejercicio con cuatro candidatos ficticios —Candidata A, Candidato B, Candidata C y Candidato D— y una consulta configurada como lo haría cualquier equipo de campaña. Todos los datos de este artículo son ilustrativos; lo que importa es el método.
El error más común es crear la consulta el mismo día. Sin histórico no hay línea base, y sin línea base no se puede saber si 3.000 menciones por hora es mucho o poco para un candidato determinado.
Una consulta bien armada incluye, para cada candidato:
Con eso corriendo una semana antes, el día del debate ya se sabe cuál es el volumen normal de cada uno y qué tan bien lo trata la conversación en un día cualquiera.
Mirar una sola métrica en vivo es una trampa. Lo que funciona es tener tres vistas al mismo tiempo:
Cuánto se habla de cada candidato en relación con el total. Es la métrica más volátil y la más engañosa: un candidato puede dominar el share of voice por una respuesta desastrosa. Sirve para detectar cuándo pasó algo, no qué pasó.
El sentimiento absoluto de una noche electoral casi siempre es negativo: la política se comenta en tono crítico. Lo informativo es el cambio dentro de la misma noche. Si un candidato pasa de 30 % a 45 % de menciones positivas entre el bloque de economía y el de seguridad, ahí hubo un momento que funcionó.

Distribución de sentimiento por candidato al cierre del debate. Ejercicio de demostración con datos ficticios.
En el ejercicio, el Candidato D concentra el mayor porcentaje de menciones negativas (52 %), pero también es el segundo en volumen total. Eso no es necesariamente una derrota: significa que fue el más comentado en tono crítico, algo que en campañas polarizadas suele coincidir con una base propia muy activa.
El tablero más subestimado. Una frase que se repite mil veces en diez minutos es un clip que va a sobrevivir al debate. Detectarla en vivo permite que el equipo la amplifique o la contrarreste esa misma noche, cuando todavía es maleable, en lugar de descubrirla al día siguiente convertida en meme.
En el ejercicio, la frase que más creció no fue una propuesta de nadie: fue una interrupción de doce palabras. Es lo habitual.
La conversación de la noche es reactiva y está sesgada por quien mira el debate en directo, que es un público mucho más politizado que el promedio. Las 48 horas siguientes muestran cómo el debate llega a quien no lo vio: por clips, por titulares, por comentarios de terceros.
Tres preguntas para ese informe posterior:
La escucha social no mide intención de voto. Mide conversación, y la conversación tiene sesgos fuertes: sobrerrepresenta a los usuarios jóvenes, urbanos y politizados, y subrepresenta a quien no publica nada. Un candidato puede dominar la conversación y perder la elección; ha pasado muchas veces.
Lo que sí mide, y muy bien, es la agenda: qué temas se instalaron, qué frases quedaron pegadas, qué ataques funcionaron y cuáles rebotaron. Para un equipo de campaña eso es material accionable en el día a día, siempre que se lea como lo que es y no como una encuesta disfrazada.
Monitoreamos más de 15 redes en español, medimos el sentimiento de cada mención y te avisamos apenas algo se sale de lo normal.
Publicado el por Luis David.